En 1711 se encargó de
policromar, dorar y estofar este retablo el maestro de Barcelona Erasme Vinyals, que junto
con su hijo Felix, concluyó la obra el año siguiente.
Por lo general, el estilo barroco tiende a complicar las estructuras y encubre,
artificiosamente, con ornamentación profusa, un estilo que ya no podía dar más de sí,
con lo que subvierte las calidades arquitectónicas i escultóricas en mera escenografía.
Pero Pau Costa en este retablo, por más que sea un prototipo de los de su época, nos ha
dejado un conjunto monumental todo orden y armonía. Aquí, la profusión ornamental no se
emplea para ocultar una deficiente concepción arquitectónica, sino que es el complemento
de las admirables líneas de un esquema lógicamente construido. Como en todas las obras
de Pau Costa, aparece el sello personal del artista, adaptado a las corrientes
constructivas del momento. En este retablo vemos columnas pseudosalomónicas y de follaje
helicoidal, que, unos años antes hubieran sido columnas del más puro estilo salomónico
y, pocos años después, columnas cilíndricas con guirnaldas. |
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